Nota publicada en el diario El Territorio.
En el
intento de salvar a un compañero, la sierra del aserradero donde trabajaba le
amputó las piernas a los 20 años. Hoy, a los 27, irradia luz y esperanza y
busca dedicarse al ciclismo.
![]() |
| Foto: Marcos Otaño |
Cristian Morinigo es posadeño, tiene 27 años y
lleva una vida normal. El que lo ve por la calle de pantalón largo, ni sospecha
que este hombre no tiene los dos pies y camina con prótesis. Dice que el
accidente lo fortaleció y que tiene un compromiso con la sociedad de llevar un
mensaje esperanzador. “Mucha gente me ve a mi siempre alegre y se da cuenta que
sus problemas son mínimos, valoran más su vida y su salud, se emocionan y me
felicitan por eso”.
El hecho desafortunado ocurrió un 27 de julio
de 2005 en el aserradero donde trabajaba, en Virasoro, Corrientes. Cristian
contó a El Territorio que lo recuerda como si fuera hoy y que está feliz de
poder contarlo nuevamente porque ese día volvió a nacer. “Tengo dos cumpleaños
porque el día del accidente volví a nacer”.
Con la intención de salvar a su compañero de
trabajo que tuvo una complicación con las máquinas que manipulaba, Cristian se
acercó a él para socorrerlo y cuando logró esto, la hoja de la sierra circular
con la que cortaban la madera le produjo en el acto la amputación de las dos
piernas. “A los dos segundos de haber saltado la hoja me amputó las dos piernas
tanto la pierna derecha en la mitad de la pantorrilla y la pierna izquierda me
sacó todo el ante pié dejándome con la tibia peroné, es decir la pierna entera
pero sin el pie”, relató.
En ese momento Cristian tenía 20 años y
empezaba la universidad. Todo se vio suspendido, y comenzó un difícil camino de
recuperación y superación que lo llevó a ser hoy un ejemplo de valentía y
esperanza para muchos.
El accidente fue un miércoles alrededor de las
11 de la mañana en Corrientes. Debido a las complicaciones para conseguir una
ambulancia de alta complejidad que requería el caso, recién a las 2 de la tarde
pudo salir de Virasoro con destino a Posadas. “Después del corte, yo estuve
casi 45 minutos consciente, estaba con morfina en la camilla del quirófano”,
recordó. Luego, se desvaneció y no recuerda que fue lo que pasó. “Después me despierto
en la clínica, en Posadas. La típica: cielo raso blanco, luces, entonces digo
‘bueno estoy vivo’. No tenía conocimiento de lo que me había pasado”.
Estuvo 4 meses internado en una clínica en
Posadas de los cuales pasó varios en terapia intensiva. Gracias a su juventud,
salud y ganas de vivir pudo soportar dos paros cardíacos, sobrevivir con tan
sólo 1 litro 200 de sangre en el cuerpo y afrontar 30 operaciones. “Desde la
ciencia se explica muy poco como pude sobrevivir, yo creo que fue un milagro”.
Lo particular en Cristian, es que a pesar de
lo que le sucedió, nunca perdió la sonrisa. “No existió el momento de decir por
qué a mí, o para qué. Siendo así que hasta el día de hoy no he necesitado apoyo
psicológico. Soy una persona que creo en Dios y para mí esto pasó porque él lo
quiso así”.
Después de los primeros meses de recuperación,
su seguro decidió que lo más conveniente sería llevarlo a Rosario, para
equiparlo con las prótesis. Sin embargo, para este héroe anónimo fue allí que
comenzó su calvario porque contrajo una infección hospitalaria que le obligó a
estar siete meses en cama, sin ningún avance. Esto también le trajo problemas
de sobrepeso lo cual era un obstáculo para comenzar a caminar nuevamente. “Estuve
siete meses acostados con corticoides, suero, remedios para las infecciones y
eso me llevó a no hacer nada. De 93 kilos pasé a 130”.
Transcurridos esos meses, Cristian pudo
sanarse de la infección y volvió a Posadas. “Ya había pasado un año y medio de
mi accidente y yo todavía no caminaba, cuando me habían dicho que en Posadas
iba a caminar a los 6 meses. Estaba en silla de rueda, con 130 kilos, iba por
la quinta por ahí porque por mi sobrepeso las rompía”.
Fue en ese momento que se puso en campaña para
bajar de peso y para ello empezó natación.
“Volver
a caminar es como casarte con la mujer de tu vida”
Una vez que bajo de peso, ya habiendo cumplido
tres años del accidente, Cristian pudo dar sus primeros pasos. “En ese lapso
caminé con una prótesis, con muletas, deambulando así, que podía, que no
podía”.
“Fue lo mejor que me pasó”, dijo cuando volvió
a caminar y agregó que “es como si te estás casando hoy con la mujer de tu vida
porque volvés a dejar la silla de ruedas, podes ir al baño sólo, podes bañarte
sólo, son muchos aspectos en la vida en lo que te mejora”.
En este mismo sentido, él señaló que desde el
momento que una persona tiene una capacidad diferente, una anomalía en el
cuerpo “la puerta no es la misma, tu casa no es la misma. El simple escalón que
subías todos los días ya es un obstáculo y en la vida hay muchos obstáculos que
son difíciles de pasar”. Luego de reflexionar un momento, agrega: “la ciudad no
está lista para los discapacitados porque desde la obra pública no se piensa la
ciudad para discapacitados, ir al correo por ejemplo es imposible. Nunca acaba
la lucha de la incapacidad, existe la discriminación. Hay mucho para trabajar”.
Sus ganas de vivir y su fuerza de voluntad
hicieron que, a la hora del segundo día de haberse probado las primeras
prótesis el ortopedista le diga que ya se las tenía que sacar porque su cuerpo
tenía que adaptarse de a poco. Él invadido por la ansiedad y felicidad de
volver a dar los primeros pasos lo desafió diciéndole que no se sacaría las
prótesis y que en tres años se iría al Machu Pichu.
En esa frase quedó la promesa y el sueño de
llegar a la cima del antiguo poblado inca. “Ya pasaron dos años, falta uno.
Para mi representa un gran logro poder subir esos 3000 metros sobre el nivel
del mar. Por eso también tomé el compromiso de llevar una vida más saludable
para tener una mejor salud aeróbica y corporalmente porque la subida lo exige”.
Además, sueña con llevar una bandera con un mensaje de agradecimiento y
demostrarle a la gente que no hay más obstáculos que los que uno mismo se
pone.
El
ciclismo, una pasión
Luego de dar esos primeros pasos, a los 15 días
según recuerda él, se anotó en una competencia de ciclismo en Virasoro. “Corrí con
gente normal, es decir el único discapacitado era yo, aunque nunca me hice ver
como un discapacitado ni me siento así”.
Así fue que comenzó una pasión por el ciclismo
y una carrera. Hoy en día tiene 4 trofeos y busca sponsors para conseguir una
bicicleta semiprofesional que le permita competir en igualdad de condiciones
con sus pares. “Mi sueño sería llegar al nacional”.
Él ya empezó a llevar una vida aérobica para
prepararse para ese fin. “Yo tengo un compromiso con la sociedad, quiero
mostrarles que si se puede. Hay personas que me dicen que ya estaban al borde
del abismo, y que al verme caminar con la prótesis, ven que sus problemas no se
comparan. Por eso quiero la bici, entrenarme y voy a hacerlo si Dios quiere”.
Una de los torneos en lo que compitió
Cristian, alcanzó un recorrido de 70 kilómetros sin parar. Eso fue en el 2008.
Hacía más o menos 6 meses que caminaba. De 80 corredores llego en el puesto 64
por ahí, pero mucha gente entrenada abandonó por el camino.
Cristian revela que lo incentivó mucho un
video de Tony Meléndez, un artista nicaragüense que nació sin brazos y toca la
guitarra con los pies. “El tiene el dicho que hizo eco en mi que es ‘yo puedo,
yo tengo que poder’. La diferencia es que yo no nací así, yo hasta los 20 años
fui una persona normal y tuve que aprender de grande a vivir así”.
Cristian cuenta que comenzó a caminar bien,
sin ninguna complicación con sus últimas prótesis, en marzo del 2011.
Durante el proceso de su recuperación, su
madre debió cerrar su tienda de ropas para acompañar a su hijo en cada momento.
“Mi mamá fue mi pilar número uno. Estuvo cuando me caí de la primera prótesis
que tenía, fue mi enfermera, fue la que peleó por mi cuando no me cambiaban las
sábanas de la pieza en Rosario. Ella me ayudó a estar donde estoy hoy en día”.
Su vida
después del accidente
Una vez recuperado, trabajó en el hospital
Madariaga donde pudo conocer y hacerse amigo de personas que habían pasado por
situaciones similares a la de él o que estaban por pasarla. “Hicimos un círculo
y estábamos con chicos amputados, parapléjicos, hemipléjicos. En base a ese
taller salieron muchas personas adelante”. Señala que el haber pasado por allí
lo hizo más fuerte y lo enriqueció mucho en lo personal, no sólo por compartir
historias sino también por el hecho de que la provincia tome personas con
capacidades diferentes.
Hoy en día ya no trabaja en el hospital, pero
cuenta que suele ir a visitar a personas que han sufrido accidentes o
enfermedades y que se les debe amputar alguna parte del cuerpo.
En cuanto a la cuestión estética, Cristian
dice que no tiene ninguna importancia, “no me molesta ocultar mis piernas,
nunca tuve problemas de mostrarlas, de hecho voy a trabajar de pantalón largo
porque no puedo ir de bermuda pero vivo en Posadas de bermuda, me encanta”.
Además señala: “La belleza no está a la vista, pero hay que madurar la cuestión
para poder entender eso”.
Cristian vive una vida normal, camina, sube y
baja escaleras, empuja autos que no arrancan, corta el pasto en su casa y ya
jugó algunos partiditos de fútbol 5. Es una persona alegre que transmite su
buena energía. Anda 14 horas al día sin sacarse las prótesis y no se siente
limitado en nada. Espera feliz junto a su mujer la llegada de su primer
hijo.


















