lunes, 11 de junio de 2012

Un hombre que volvió a nacer


Nota publicada en el diario El Territorio.

En el intento de salvar a un compañero, la sierra del aserradero donde trabajaba le amputó las piernas a los 20 años. Hoy, a los 27, irradia luz y esperanza y busca dedicarse al ciclismo.

Foto: Marcos Otaño

Cristian Morinigo es posadeño, tiene 27 años y lleva una vida normal. El que lo ve por la calle de pantalón largo, ni sospecha que este hombre no tiene los dos pies y camina con prótesis. Dice que el accidente lo fortaleció y que tiene un compromiso con la sociedad de llevar un mensaje esperanzador. “Mucha gente me ve a mi siempre alegre y se da cuenta que sus problemas son mínimos, valoran más su vida y su salud, se emocionan y me felicitan por eso”.
El hecho desafortunado ocurrió un 27 de julio de 2005 en el aserradero donde trabajaba, en Virasoro, Corrientes. Cristian contó a El Territorio que lo recuerda como si fuera hoy y que está feliz de poder contarlo nuevamente porque ese día volvió a nacer. “Tengo dos cumpleaños porque el día del accidente volví a nacer”.
Con la intención de salvar a su compañero de trabajo que tuvo una complicación con las máquinas que manipulaba, Cristian se acercó a él para socorrerlo y cuando logró esto, la hoja de la sierra circular con la que cortaban la madera le produjo en el acto la amputación de las dos piernas. “A los dos segundos de haber saltado la hoja me amputó las dos piernas tanto la pierna derecha en la mitad de la pantorrilla y la pierna izquierda me sacó todo el ante pié dejándome con la tibia peroné, es decir la pierna entera pero sin el pie”, relató.
En ese momento Cristian tenía 20 años y empezaba la universidad. Todo se vio suspendido, y comenzó un difícil camino de recuperación y superación que lo llevó a ser hoy un ejemplo de valentía y esperanza para muchos.  
El accidente fue un miércoles alrededor de las 11 de la mañana en Corrientes. Debido a las complicaciones para conseguir una ambulancia de alta complejidad que requería el caso, recién a las 2 de la tarde pudo salir de Virasoro con destino a Posadas. “Después del corte, yo estuve casi 45 minutos consciente, estaba con morfina en la camilla del quirófano”, recordó. Luego, se desvaneció y no recuerda que fue lo que pasó. “Después me despierto en la clínica, en Posadas. La típica: cielo raso blanco, luces, entonces digo ‘bueno estoy vivo’. No tenía conocimiento de lo que me había pasado”.
Estuvo 4 meses internado en una clínica en Posadas de los cuales pasó varios en terapia intensiva. Gracias a su juventud, salud y ganas de vivir pudo soportar dos paros cardíacos, sobrevivir con tan sólo 1 litro 200 de sangre en el cuerpo y afrontar 30 operaciones. “Desde la ciencia se explica muy poco como pude sobrevivir, yo creo que fue un milagro”.
Lo particular en Cristian, es que a pesar de lo que le sucedió, nunca perdió la sonrisa. “No existió el momento de decir por qué a mí, o para qué. Siendo así que hasta el día de hoy no he necesitado apoyo psicológico. Soy una persona que creo en Dios y para mí esto pasó porque él lo quiso así”.
Después de los primeros meses de recuperación, su seguro decidió que lo más conveniente sería llevarlo a Rosario, para equiparlo con las prótesis. Sin embargo, para este héroe anónimo fue allí que comenzó su calvario porque contrajo una infección hospitalaria que le obligó a estar siete meses en cama, sin ningún avance. Esto también le trajo problemas de sobrepeso lo cual era un obstáculo para comenzar a caminar nuevamente. “Estuve siete meses acostados con corticoides, suero, remedios para las infecciones y eso me llevó a no hacer nada. De 93 kilos pasé a 130”.
Transcurridos esos meses, Cristian pudo sanarse de la infección y volvió a Posadas. “Ya había pasado un año y medio de mi accidente y yo todavía no caminaba, cuando me habían dicho que en Posadas iba a caminar a los 6 meses. Estaba en silla de rueda, con 130 kilos, iba por la quinta por ahí porque por mi sobrepeso las rompía”.  
Fue en ese momento que se puso en campaña para bajar de peso y para ello empezó natación.

“Volver a caminar es como casarte con la mujer de tu vida”
Una vez que bajo de peso, ya habiendo cumplido tres años del accidente, Cristian pudo dar sus primeros pasos. “En ese lapso caminé con una prótesis, con muletas, deambulando así, que podía, que no podía”.
“Fue lo mejor que me pasó”, dijo cuando volvió a caminar y agregó que “es como si te estás casando hoy con la mujer de tu vida porque volvés a dejar la silla de ruedas, podes ir al baño sólo, podes bañarte sólo, son muchos aspectos en la vida en lo que te mejora”.
En este mismo sentido, él señaló que desde el momento que una persona tiene una capacidad diferente, una anomalía en el cuerpo “la puerta no es la misma, tu casa no es la misma. El simple escalón que subías todos los días ya es un obstáculo y en la vida hay muchos obstáculos que son difíciles de pasar”. Luego de reflexionar un momento, agrega: “la ciudad no está lista para los discapacitados porque desde la obra pública no se piensa la ciudad para discapacitados, ir al correo por ejemplo es imposible. Nunca acaba la lucha de la incapacidad, existe la discriminación. Hay mucho para trabajar”.
Sus ganas de vivir y su fuerza de voluntad hicieron que, a la hora del segundo día de haberse probado las primeras prótesis el ortopedista le diga que ya se las tenía que sacar porque su cuerpo tenía que adaptarse de a poco. Él invadido por la ansiedad y felicidad de volver a dar los primeros pasos lo desafió diciéndole que no se sacaría las prótesis y que en tres años se iría al Machu Pichu.
En esa frase quedó la promesa y el sueño de llegar a la cima del antiguo poblado inca. “Ya pasaron dos años, falta uno. Para mi representa un gran logro poder subir esos 3000 metros sobre el nivel del mar. Por eso también tomé el compromiso de llevar una vida más saludable para tener una mejor salud aeróbica y corporalmente porque la subida lo exige”. Además, sueña con llevar una bandera con un mensaje de agradecimiento y demostrarle a la gente que no hay más obstáculos que los que uno mismo se pone. 

El ciclismo, una pasión
Luego de dar esos primeros pasos, a los 15 días según recuerda él, se anotó en una competencia de ciclismo en Virasoro. “Corrí con gente normal, es decir el único discapacitado era yo, aunque nunca me hice ver como un discapacitado ni me siento así”.
Así fue que comenzó una pasión por el ciclismo y una carrera. Hoy en día tiene 4 trofeos y busca sponsors para conseguir una bicicleta semiprofesional que le permita competir en igualdad de condiciones con sus pares. “Mi sueño sería llegar al nacional”.
Él ya empezó a llevar una vida aérobica para prepararse para ese fin. “Yo tengo un compromiso con la sociedad, quiero mostrarles que si se puede. Hay personas que me dicen que ya estaban al borde del abismo, y que al verme caminar con la prótesis, ven que sus problemas no se comparan. Por eso quiero la bici, entrenarme y voy a hacerlo si Dios quiere”.
Una de los torneos en lo que compitió Cristian, alcanzó un recorrido de 70 kilómetros sin parar. Eso fue en el 2008. Hacía más o menos 6 meses que caminaba. De 80 corredores llego en el puesto 64 por ahí, pero mucha gente entrenada abandonó por el camino.
Cristian revela que lo incentivó mucho un video de Tony Meléndez, un artista nicaragüense que nació sin brazos y toca la guitarra con los pies. “El tiene el dicho que hizo eco en mi que es ‘yo puedo, yo tengo que poder’. La diferencia es que yo no nací así, yo hasta los 20 años fui una persona normal y tuve que aprender de grande a vivir así”.
Cristian cuenta que comenzó a caminar bien, sin ninguna complicación con sus últimas prótesis, en marzo del 2011.
Durante el proceso de su recuperación, su madre debió cerrar su tienda de ropas para acompañar a su hijo en cada momento. “Mi mamá fue mi pilar número uno. Estuvo cuando me caí de la primera prótesis que tenía, fue mi enfermera, fue la que peleó por mi cuando no me cambiaban las sábanas de la pieza en Rosario. Ella me ayudó a estar donde estoy hoy en día”.

Su vida después del accidente
Una vez recuperado, trabajó en el hospital Madariaga donde pudo conocer y hacerse amigo de personas que habían pasado por situaciones similares a la de él o que estaban por pasarla. “Hicimos un círculo y estábamos con chicos amputados, parapléjicos, hemipléjicos. En base a ese taller salieron muchas personas adelante”. Señala que el haber pasado por allí lo hizo más fuerte y lo enriqueció mucho en lo personal, no sólo por compartir historias sino también por el hecho de que la provincia tome personas con capacidades diferentes.
Hoy en día ya no trabaja en el hospital, pero cuenta que suele ir a visitar a personas que han sufrido accidentes o enfermedades y que se les debe amputar alguna parte del cuerpo.
En cuanto a la cuestión estética, Cristian dice que no tiene ninguna importancia, “no me molesta ocultar mis piernas, nunca tuve problemas de mostrarlas, de hecho voy a trabajar de pantalón largo porque no puedo ir de bermuda pero vivo en Posadas de bermuda, me encanta”. Además señala: “La belleza no está a la vista, pero hay que madurar la cuestión para poder entender eso”.
Cristian vive una vida normal, camina, sube y baja escaleras, empuja autos que no arrancan, corta el pasto en su casa y ya jugó algunos partiditos de fútbol 5. Es una persona alegre que transmite su buena energía. Anda 14 horas al día sin sacarse las prótesis y no se siente limitado en nada. Espera feliz junto a su mujer la llegada de su primer hijo.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario